Modernidad

22.05.2018

La teoría del sistema mundo de Immanuel Wallerstein, sostiene que modernidad y capitalismo forman parte de un mismo fenómeno: la constitución del sistema mundo capitalista.

El sociólogo peruano, Aníbal Quijano, no sólo repite las tesis de Wallerstein sino que las radicaliza para decirnos que la modernidad surge en América, pues es ella la que dota de sentido al sistema mundo que se está creando. Sin América no hay modernidad. Y como este sistema se establece sobre la base de la sojuzgación material y cultural de los habitantes originarios, haciendo que adopten los saberes y valores de los conquistadores, lo que en realidad se crea es un sistema-mundo colonial/moderno.

Para Quijano con la colonización de América y la creación del sistema-mundo colonial/moderno se crea un patrón específico de poder.
El control del trabajo se organiza en torno a la articulación de sus formas históricamente conocidas por el capitalismo.
El control de la subjetividad se lleva a cabo por medio de la hegemonía del eurocentrismo en la producción del imaginario y del conocimiento. Y, el control de la autoridad colectiva se ejerce a través del Estado como institución hegemónica.
Mientras, que la dominación o control de unos sobre otros es la condición básica del poder y sus ámbitos centrales son la autoridad colectiva y la subjetividad/intersubjetividad, la explotación consiste en obtener de los demás un beneficio propio sin que sea repartido con ellos, su ámbito de acción es el trabajo, pero puede extenderse a otras áreas que produzcan mercancía y ganancias como la prostitución y el conocimiento. El conflicto tiene por objeto la dominación y comoobjetivo el cambio o destrucción de los recursos y las instituciones de dominación (Quijano, 2001: 19-20). En este sentido la senda que recorre la modernidad en "Nuestra América" es la de la configuración de la identidad latinoamericana basada en una idea de racismo, pues "la construcción histórica de América Latina comienza con la destrucción de todo un mundo histórico" (Quijano, 2007: 129). Ese mundo histórico no era otro que el de las culturas originarias que exterminaron los conquistadores, tanto físicamente como simbólicamente en estas tierras, imponiendo de esta forma una única identidad racial y colonial: la de indios (que, al paso de los años, ésta va a ser sustituida por la noción de indígenas cumpliendo esa misma característica) (Quijano, 2000: 131). No hay pues otro camino que encarar la transformación del modelo político que se ha heredado en América Latina, para poder plantear una salida coherente a la "cuestión indígena". No hay, en ésta perspectiva, lugar para la emancipación social sin la transformación o de-estructuración de ese Estado moderno, producto del proyecto colonial y, por tanto, necesariamente excluyente del mundo indígena.

El despliegue de la modernidad trae aparejado el proceso de configuración de la identidad latinoamericana

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