La crisis de 1873
Hobsbawm sostiene la idea de "Gran Depresión" que suele adjudicarse a las primeras décadas de la Era del Imperio. Para el autor a pesar de algunas depresiones muy agudas, la etapa 1873-1895 se caracterizó por un aumento sostenido, aunque no homogéneo, de la producción y el comercio mundial. Sin embargo para los contemporáneos bien informados no parecía quedar duda de la perturbación que presentaba la economía capitalista expresada en una "depresión de los precios, una depresión del interés y una depresión de los beneficios".
La agricultura fue el ámbito más evidentemente en crisis, y el que más consecuencias sociales y políticas generó. En el primer caso sobre todo la emigración masiva, y en el segundo la agitación electoral o la rebelión.
El autor desarrolla la forma en la cual la crisis generó medidas por parte de los estados que tendían, salvo en Gran Bretaña, a alejarse del dogma del librecambio y que además por primera vez debían tener en cuenta, al menos parcialmente, la voz de las "masas" y sus intereses.
Más allá de que el crecimiento del proteccionismo aparece densamente tratado, Hobsbawm señala que las novedades más significativas de la época fueron la concentración económica y la racionalización empresarial, en una economía que comenzó a adoptar generalizadamente la "gestión científica" y los trusts como forma de paliar la caída de beneficios por caída de precios y aumento de la competencia. La tercera pata de este intento por revitalizar las ganancias capitalistas fue el imperialismo.
Aunque la respuesta no se encuentre solamente en estas medidas, lo cierto es que luego de la depresión, el capitalismo global vivió una etapa de gran prosperidad, conocida como la Belle Epoque. Cuánto se debió a los cambios operados, y cuanto a los famosos ciclos de Kondratieff, es uno de los tópicos que también desarrolla Hobsbawm en el capítulo.
Finalmente el autor presenta un pequeño resumen de las características del capitalismo de la Era del Imperio, resaltando la ampliación de su base geográfica, la continuidad del Reino Unido como base financiera y logística, la revolución tecnológica, la concentración empresarial, el taylorismo y el proteccionismo, así como el crecimiento del mercado de bienes de consumo y del sector terciario, además de una más estrecha relación entre política y economía.
Descargar el Cap. 2 "La economía cambia de ritmo" en Hobsbawm, Eric, La era del imperio (1875‑1914), Barcelona, Labor, 1989.
https://www.mediafire.com/file/oalbabsbdhtcy6g/hobs-cap2_.pdf/file