La nueva mujer
"La emancipación de la mujer", fue iniciado y desarrollado de forma casi exclusiva en este período por la clase media y por los estratos más elevados de la sociedad. Fue un fenómeno modesto, un número de mujeres reducido se distinguieron de forma extraordinaria en determinados campos reservados hasta entonces a los hombres, no solo un puñado de pioneras, sino una nueva especie, la "mujer nueva".
No se produjo todavía cambio alguno en la condición de la gran mayoría de las mujeres del mundo, los cambios fueron escasos en la situación de la mayor parte de las mujeres de las clases trabajadoras, excepto en un aspecto fundamental. A partir de 1875, las mujeres del mundo "desarrollado" comenzaron a tener muchos menos hijos.
El mundo estaba experimentando la "transición demográfica", al modelo familiar moderno de una tasa de natalidad baja compensada por una mortalidad también reducida.
En los países occidentales, el descenso de las tasas de natalidad y mortalidad afectaron a las vidas y los sentimientos de la mujer.
El descenso de la tasa de natalidad puede conseguirse si se eleva la edad de la mujer al contraer matrimonio y si se incrementa el número de las que permanecen solteras o mediante alguna forma de control de natalidad. En el período preindustrial las mujeres occidentales tendían a casarse tarde y el porcentaje de solteros y solteras era elevado Con todo, el incremento del número de mujeres que contraía matrimonio a edad más temprana, la tasa de natalidad disminuyó, lo cual indica que se extendió el control de natalidad deliberado.
En las ciudades recibían el estímulo del deseo de alcanzar un nivel de vida más elevado. En el seno de la clase media baja, no podían afrontar al mismo tiempo los gastos derivados de una prole numerosa. Otro estímulo para el control de natalidad fue el hecho de que los niños comenzaron a constituir una carga pesada para los padres, período de formación o escolarización más prolongado y durante ese tiempo se hallaban en dependencia económica.
El incremento del control de natalidad indica penetración de nuevas estructuras, valores y expectativas en la esfera de las mujeres de las clases trabajadoras de Occidente.
Para la mayor parte de las mujeres del mundo rural situado fuera de la zona "desarrollada" del mundo, ese impacto era todavía muy reducido.
Pero existía un número importante de mujeres trabajadoras cuyo sistema de vida había sido transformado como consecuencia de la revolución económica. El primer aspecto de esa revolución que transformó su existencia fue la "protoindustrialización", crecimiento de las industrias domésticas para la venta de productos en mercados más amplios.
La industria doméstica les permitió combinar el trabajo pagado con la supervisión del hogar y de los hijos, la segunda y gran consecuencia de la industrialización separó el hogar del puesto de trabajo.
Lógicamente, esa separación del hogar y del lugar de trabajo por lo que respecta a la mujer, significó que su papel de administradora del hogar se convirtió en su función primordial.
El objetivo básico del sustentador principal de la familia debía ser conseguir los ingresos suficientes como para mantener a cuantos de el dependían. Los ingresos de los otros miembros de la familia eran considerados como suplementarios y ello reforzaba la convicción tradicional de que el trabajo de la mujer era inferior y mal pagado.
Todo contribuía a mantener a la mujer casada en situación de dependencia. Por lo general, la mujer trabajaba hasta que contraía matrimonio.
Como eran muchos los varones adultos que no podían llevar al hogar los ingresos adecuados, el trabajo de la mujer y los hijos era fundamental. En los inicios del período que estudiamos, el trabajo de la mujer en la industria se centraba casi por completo en algunos sectores típicamente "femeninos", como el textil y el del vestido, pero cada vez más también en la manufactura de alimentos. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres con un salario lo obtenían como sirvientas.
En conjunto, podemos considerar que la industrialización del siglo XIX fue un proceso que tendió a excluir a la mujer, y sobre todo a la mujer casada, de la economía oficialmente definida como tal.
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